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¿Cómo controlar el miedo escénico?

Podríamos titular este post ¿Cómo superar el miedo escénico? Sin embargo, existen técnicas y planteamientos que ayudan a salir del paso ante este problema y controlarlo, pero superarlo no es cosa de una enumeración de consejos.

Capacidades y experiencia

Hay dos tipos de gente que no muestran miedo escénico. Personas con una capacidad innata para comunicarse y personas que aplican estas técnicas a menudo, a las que la experiencia ha pulido su forma de hablar en público.

Podemos extrapolar estos individuos a otros campos para su analogía. Messi no juega tan bien al fútbol por entrenar, entrena para ser mejor pero nació siendo bueno, es una habilidad innata en él. El entrenamiento puede hacerte bueno, si haces una tortilla por primera vez, comerás huevos revueltos, si haces tortillas todos los días, te saldrán bien redondas y perfectas. Puedes no ser buen cocinero y que el sabor de tu plato no sea excepcional, pero la tortilla estará bien hecha.

messi de la comunicación

Es decir, puedes tener miedo a presentar en público, pero disimularlo y dejarlo a un lado para elaborar una propuesta que aparente lo que deseamos mostrar.

¿Qué es el miedo escénico?

Hablar dirigiéndote a una audiencia puede convertirse en un película de terror. A parte de sufrir mientras se comunica, hay un camino largo y tenebroso hasta la primera palabra. Sabemos que lo pasaremos mal y padecemos los síntomas desde mucho antes de comenzar. Es el miedo a equivocarnos y ser rechazados.

Se dan fenómenos físicos que nos hacen perder el control de nuestro organismo y nos sentimos indefensos. La adrenalina y el cortisol actúan por sí solos y provocan una serie de deficiencias en el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Por seguir con las comparaciones, nuestra vejiga se acostumbra a vaciarse sólo a nuestra orden, nuestras piernas se instruyen para caminar… somos humanos capacitados para el aprendizaje y podemos entrenar y llegar a controlar algunos miedos y sus efectos negativos.

En el miedo escénico confluyen tres tipos de elementos interrelacionados que afectan a nuestra capacidad para comunicarnos con claridad:

Elementos Cognitivos

Intervienen antes de comenzar la exposición. Son el desencadenante del proceso, se crean en la propia mente para introducirnos en la espiral del miedo. Son pensamientos como quedaré en ridículo, estaré nervioso, habrá expertos, me criticarán…, una valoración negativa de nosotros mismos.

Elementos Somáticos

Se asocian a los nervios propios del momento, la explosión generada por la mala concepción previa de la situación. Se dan fenómenos físicos que alteran el ritmo cardiaco, provocan temblores, sudoración, sonrojamiento, vacío de estómago o sequedad bucal.

Elementos Conductuales

Se deben al propio miedo y afectan al comportamiento. Influyen en la mirada, la postura o los movimientos, provocando tartamudeo, incoherencia, tics, bloqueos…

Es normal estar un poco nervioso y adecuado tener un cierto grado de tensión. El miedo te pone alerta, pero pasa a ser perjudicial si es demasiado o no desaparece en el trascurso de la comunicación, si no lo controlamos.

Vencer al miedo

Hay muchas diferencias entre nuestra concepción del momento y la de los demás. Se refieren a aspectos relacionados con esa percepción, pero también a elementos somáticos y conductuales. Antes de previsualizar el momento, hay que tener claro:

  • Te escuchan. No te examinan
  • Lo que digas o no, no es tan trascendente.
  • No eres tan importante
  • Equivocarse es humano
  • Nadie te ve tan nervioso como te sientes
  • Eres el más exigente contigo mismo

Podemos imaginar una comunicación que haya sido incómoda y otra en la que nos hayamos desenvuelto gustosamente. Es fácil observar las diferencias en el recuerdo. El brillo, el color, el sonido, el entorno o nuestro aspecto son totalmente distintos en nuestra imaginación.

Previsualización Positiva

Pensar en comunicaciones que nos hayan salido bien, provoca sensaciones más agradables. Así debemos previsualizar nuestra intervención futura, como un buen momento, ayudando a sujetar los elementos cognitivos negativos.

Conocimiento e Interés

Si controlamos el tema acerca del cual hablamos y tenemos interés en que los demás escuchen lo que queremos decir, la comunicación es mucho más fácil y eficaz.

Preparación adecuada

Elegir el lenguaje a utilizar, reconocer a la audiencia y adecuarnos al espacio. Podemos anticipar preguntas y pensar sus respuestas y ensayar sin llegar a memorizar las palabras exactas.

Es adecuado liberar presión haciendo esto con tiempo, tratando de no preocuparse demasiado las 24 horas previas al desarrollo de la comunicación.

Sujetando el cuerpo

Para tomar un mayor control de la situación, es aconsejable comenzar despacio en nuestra exposición, a un ritmo relajado que permita ir acomodando el cuerpo y la mente.

Portar algo en la mano puede ayudar a evitar los aspavientos nerviosos. Por ejemplo, podemos reducir la manía de taparnos la boca o rascarnos un ojo portando un bolígrafo. Aunque nuestros dedos bailen un tango con el boli, siempre será menos llamativo que llevarlos continuamente a la cara.

Relajados

Es muy importante controlar la respiración. Antes de comenzar, haz inspiraciones profundas y lentas, nota como se llena tu abdomen y aguanta el aire unos segundos antes de expulsarlo.  Esta respiración completa ayudará en la relajación.

Si los nervios te atenazan las articulaciones, realiza ejercicios de relajación. Si estás sentado, deja caer los brazos y sacúdelos. Haz ejercicios de estiramiento con el cuello, flexiona las rodillas y da un paseo si es posible.

Tomar un poco de agua antes de comenzar a hablar es aconsejable para una mejor dicción. Además, este acto envía un mensaje de tranquilidad a tu cerebro, Elsa Punset dixit en El Hormiguero:

Plan de mejora

Lo esencial es no ser quien no eres. La clave es potenciar tus cualidades y encontrar recursos para tus limitaciones.

Es preferible fijar una meta global a largo plazo y después ver qué aspectos son los que hay que mejorar. Una vez confeccionada la lista de objetivos, la jerarquizamos por el nivel de dificultad en su consecución y empezamos por lo más fácil.

Podemos preparar soluciones para los efectos negativos que provoca en nosotros el miedo escénico. Llevar agua, ropa con la que estés cómodo, salidas preparadas para los bloqueos…

Si no eres un Messi de la comunicación oral, entrena. Puedes empezar sirviendo huevos revueltos y acabar presumiendo de tus tortillas. Suerte y al miedo.

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Los diez mandamientos para hablar en público

Saber pedir las cosas, saber venderlas, comprarlas, buscar trabajo, ligar, dar órdenes… De una manera u otra, todos nos enfrentamos a una audiencia a la que convencer de nuestras palabras. Si tenemos tiempo para configurar el mensaje y planificar su exposición, podemos seguir esta lista como apoyo.

#1 No abusarás del pensador ajeno

El material de apoyo puede ser muy provechoso, tener mucho también puede serlo, pero corremos el riesgo de incurrir en cansinancia. No puedes limitarte a leer citas y aludir a otros como guionistas de tu discurso porque aburrirías al personal.

#2 Mirarás a los ojos sobre todas las cosas

El contacto visual genera confianza. Reparte tu mirada si hablas a más de un oyente, de lo contrario aparecerán sombras, personas que no prestan atención y apagan la luz de la comunicación.

#3 Honrarás a tu espejo y a tu armario

Cuida tu vestimenta. Tu apariencia física debe responder a la demanda del oyente. Sácate el partido que puedas y procura adaptarte a cada circunstancia. Una estridencia en este aspecto genera una barrera en la atención, puede superarse pero suma una dificultad.

#4 No cometerás actos nerviosos

Serénate. Los nervios pueden tener un efecto viral, contagiarse a la audiencia. Debemos evitar tics como los movimientos rápidos o la tos nerviosa. Si se trata de una presentación, es recomendable tener tiempo de reflexionar y estar tranquilos para reducir el riesgo de bloqueo.

#5 Ensayarás las frases

Prepara tus alocuciones de forma correcta. No repases solo mentalmente tu intervención, es importante verbalizar las palabras. Repasa en voz alta y grábate para ver cómo suena.

#6 Improvisarás lo justo

Es un buen arma pero no siempre se es capaz. En situaciones difíciles, con riesgo o que suponen algo importante, es más fácil caer en el nerviosismo si dejamos demasiado a la improvisación.

#7 No leerás las presentaciones

Puedes apoyarte en la lectura si es necesario. Leer todo no es aconsejable, la gente prefiere leer por sí misma, a su ritmo y en su ambiente. Mucho menos ir leyendo las diapositivas que se van mostrando. Es un insulto a la inteligencia.

#8 No codiciarás el tiempo ajeno

Lo ideal es contar lo que quieres decir en el menor tiempo posible. Si las circunstancias te obligan a explayarte en el tiempo, divide tu exposición en partes reducidas, separándolas con hitos de participación de la audiencia.

#9 Generarás expectativas

Aumentan la atención del oyente, sujeto al interés que desprenderá de tus palabras. Es bueno utilizar preguntas o actividades que inviten a la participación, así como avisar del resultado final para la audiencia: “Cuando termine, podrás concursar en Saber y Ganar”.

#10 No cometerás finales sin resumen

Agrupa y recuerda las ideas clave de tu discurso y acaba con una frase potente. Nadie recordará el total, aclara al menos las partes.

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